Análisis de The Sexy Brutale

En Cómo ser John Malkovich, John Cusack interpreta a un titiritero callejero con talento pero sin éxito, por lo que consigue un trabajo y en la oficina descubre un pasadizo que le conduce a la mente de John Malkovich durante un breve momento. The Sexy Brutale es el pasadizo que nos brindan los británicos de Cavalier Game Studios para entrar en la mente de los creadores y ponernos en la piel de Lafcadio Boone durante doce horas.

El objetivo del juego es simple, en una mansión-casino se celebra un baile de máscaras y debemos salvar a los invitados, que irán muriendo uno a uno a lo largo de 12 de mediodía hasta las 12 de la noche. El servicio de la mansión son los que asesinan a los invitados de distintas maneras, y para evitarlo podremos retroceder en el tiempo con nuestro reloj de bolsillo y reiniciar el día una y otra vez. Es la mecánica del día de la marmota que ya hemos visto en otros juegos, como Majora’s Mask. Pero, aun así, la premisa del juego es tan atractiva que se hace difícil decirle que no, y más cuando se trata de un juego no excesivamente largo, entre 6 y 8 horas con todos los objetos y coleccionables. Aunque retroceder en el tiempo no será suficiente, ya que tendremos que escondernos en armarios y observar a través de puertas para conocer la posición de cada invitado y miembro del servicio para planear cierta estrategia.

Una vez que hemos adquirido esos conocimientos no será más fácil realizar un plan de acción para salvar a los invitados, ya que al reiniciar el día solo perdemos los objetos que hemos ido cogiendo, pero el mapa seguirá actualizado. Cuando salvemos a un invitado, ese personaje se quitará su máscara y nosotros tendremos que recogerla para obtener un poder, por ejemplo, escuchar con más atención o acceder a puertas que en un principio no podremos cruzar. De esta forma, podremos explorar más a fondo la mansión, descubriendo los secretos de su pasado y de sus habitantes, hasta llegar a la verdad escondida en el corazón de la mansión.

Como jugadores, somos los titiriteros de juego y controlamos los hilos de Lafcadio Boone. Podemos pensar que interpretamos una obra teatral y no debemos salirnos del guion. Solo entonces no echaremos en falta que se hubieran arriesgado más en este tema, ya que aunque a veces los crímenes se solapan unos con otros, esto no añade complejidad al juego. Es decir, nos encontramos con una historia es lineal y nos veremos obligados a salvar a los invitados siguiendo un orden establecido. Sin embargo, sí le achaco la dificultad de los puzles, ya que no encontraremos un reto excesivamente complicado y algunos hasta salen prácticamente solos, literalmente.

The Sexy Brutale no es solo el nombre del casino que da título al juego, una mansión señorial inglesa propiedad de Marqués. La mansión es un personaje más del que debemos descifrar todos sus secretos y pasadizos ocultos, aunque también resultarán de gran ayuda las salas conectadas entre sí. Las diferentes salas o habitaciones tienen un trabajo detrás que es obra de los españoles de Tequila Works, que “solo” se han encargado de vestir las paredes del casino y ponerle cara, y máscaras, a los personajes. Desde luego, han hecho un trabajo excelente y no seré yo quien diga que el juego no tiene un trabajo de arte espectacular, pues entre las distintas habitaciones y salas de la mansión, podemos encontrar cuadros versionados de Goya, por ejemplo.

Pero la idea base viene de Cavalier Game Studios, un estudio británico formado por tres personas que ya hicieron lo suyo en Electronic Arts con los juegos de Harry Potter principalmente y en Lionhead Studios con Fable. Las raíces británicas se notan al menos argumentalmente, porque el título es el Cluedo de los videojuegos, el hijo entre el Día de la Marmota y las novelas de Agatha Christie.

The Sexy Brutale parte de un concepto tan apetecible y que no descarrilla en ningún momento que es difícil decirle que no. No es ninguna obra maestra, pero es un buen juego que se disfruta cada momento su historia de misterio entonada con una banda sonora que termina siendo pegadiza.

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