Las consolas están cambiando

– ¿Con tu edad y todavía sigues con los marcianitos?

– A tu edad, deberías centrarte en hacer cosas más útiles.

– ¿No te sientes desplazado?

Cuando uno llega a cierta edad, en mi caso 36 años, llegan a ser normales ciertos comentarios de parientes, amigos e incluso compañeros de trabajo; que te miran con la boca abierta cuando les dices que sigues jugando a videojuegos… ¡y de manera muy activa!. Honestamente, este tipo de comentarios me la resbala y, a día de hoy, sigo teniendo la misma ilusión (o más) por jugar a videojuegos. Eso sí, con el tiempo uno se va haciendo más sibarita y ya no juego a todo lo que pasa por mis manos. Se exactamente que géneros de juegos me gustan y las horas que quiero dedicarle a cada título. Pero con tanto juego y experiencia a mis espaldas, veo que las consolas han evolucionado. No sabría decir si para bien o para mal, pero las consolas están cambiando.

Está claro que si una idea tiene éxito, esta ha de evolucionar para seguir teniéndolo. Tanto, que ahora mismo y tras haber adquirido hace poco una Xbox One X, tengo delante de mi, sino todo un centro de entretenimiento donde poder ver películas, escuchar música, navegar por internet y otras muchas cosas. Todo eso, y una máquina con la que jugar a videojuegos, claro.

Y mi pregunta interna viene siendo: ¿Hacen falta tantas aplicaciones y funcionalidades dentro de un aparato? ¿No se supone que lo queremos y lo compramos con la intención de jugar a videojuegos? Sí, y ya no solo eso. Contenido descargable, conexión a Internet, parches del primer día, instalaciones… Todo ello se traduce en, como mínimo, treinta minutos desde que insertamos el juego nuevo hasta que empezamos a jugar. Sinceramente, en más de una ocasión se me han quitado las ganas de jugar.

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siempre me he considerado un jugador de consola, quitando el tiempo en el que tuve un Amstrad CPC 464 o la ilusión que me hizo que me regalaran un ordenador con un Pentium 100, siempre he sido un consolero de pies a cabeza. Por mis manos han pasado todas las maquinitas de Nintendo, Sega, Sony, Microsoft e incluso algunas rarezas como la WonderSawn o la Virtual Boy. Es por ello que hago comparaciones entre consolas antiguas y nuevas y me doy cuenta que —estas últimas— se han despersonalizado, siendo cada vez más como un PC. Especialmente cuando se trata de una generación en la que se diseña la misma consola pero algo más potente y con la que podemos ver los juegos con mejores resoluciones. Con gráficos más bonitos y con menos tiempos de carga. Justo como hacen los jugadores de PC ( la mal llamada, Master Race) cuando actualizan sus ordenadores con mejores tarjetas gráficas o mayor memoria RAM.

Atrás quedaron los tiempos en los que desembolsar una cantidad de dinero ofrecía que, como mínimo, durante 5 años no habría preocupaciones sobre cambiar el sistema de videojuegos. Y es que tanto los tiempos como las consolas están cambiando. Ahora nos preocupamos más sobre si los juegos tienen mejores gráficos en lugar de si son divertidos, hasta tal nivel —y me incluyo en este grupo— que nos gastamos una pasta en una nueva consola, acompañada de un televisor UHD para poder jugar al último Triple A en todo su esplendor, aunque después pasemos la mayor parte del tiempo jugando a indies que no necesitan de tal potencia.

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Está claro y no hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que las consolas están cambiando gracias a que los videojuegos están cambiando. Lejos queda la simplicidad del primer Super Mario Bros. cuando lo comparamos con cualquier juego actual. Estos, cada vez son más complejos y suelen ofrecer la oportunidad de ser jugados de maneras muy diferentes. Gracias a esta evolución de las consolas ya no hace falta tener al compañero de juegos siempre a nuestro lado. Una simple conexión a internet y podemos disfrutar como si estuviera en la misma habitación, con la compañía y cooperación de tu amigo de toda la vida que se fue a vivir al extranjero. Incluso, puede darse el caso de conocer a nuevos compañeros de todo el planeta con los que pasar un buen momento. Gracias a esa conectividad, el jugador encuentra disponible una gran cantidad de contenido extra (no siempre del agrado de todo el mundo) con el que alargar más la vida de un título. Incluso, la facilidad de poder descargar los juegos de manera digital y así evitar el efecto diógenes que aparece cuando llevas coleccionando juegos desde los 6 años.

El problema de esta mala adaptación de muchos jugadores seniors a las nuevas generaciones de consolas vino por un salto generacional drástico. El paso de las consolas de 128 bits a las consolas de la generación pasada (PS3, Xbox 360 y Wii) vino acompañado de todos los cambios posibles y por haber. Cambios que sabíamos que existían en el mundo del PC pero que parecían imposibles en una consola. PS2 y Game Cube fueron las últimas en las que poníamos el juego y solamente nos dedicábamos a jugar (Xbox fue el comodín generacional) sin complicaciones. Pero está claro que si los videojuegos están cambiando, las consolas deben adecuarse a los tiempos que corren y, de paso, meter cuatro añadidos multimedia, que a más de uno le traerá felicidad.

Las consolas están cambiando y no de una forma totalmente negativa. Me gustan mucho los videojuegos actuales y no soy de los que se aferran a lo retro diciendo que los títulos antiguos son mejores que los actuales. Pero siempre tendré el recuerdo de llegar del colegio y del instituto con un juego nuevo o prestado por un amigo. Ahí estaba la magia que surgía con el simple hecho de introducirlo en la consola y, sin instalaciones, descargas interminables del primer día o registros de ningún tipo; aparecía el juego en la pantalla y comenzaba la aventura…

 

…LAS CONSOLAS ESTÁN CAMBIANDO.

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