Análisis de Deiland

Hablar de Deiland sin intentar hacer comparaciones con El Principito de Antoine de Saint-Exupéry es tarea complicada. Todo aquel que leyó esta obra en su infancia recuerda un personaje solitario que promueve la bondad y la inocencia contra un mundo material y viciado. Los valencianos de Chibig Studio han sabido coger todo lo bonito de El Principito y traspasarlo a un videojuego que intenta transmitir las mismas sensaciones que Saint-Exupéry con su obra, pero de una forma más interactiva y vistosa.

análisis de Deiland

El argumento principal gira en torno a Arco, un niño enviado a un planeta minúsculo con la misión de activar la magia que aguarda dormida en su interior. Por supuesto, Arco no sabe nada de esta magia y su único aliciente es la de sobrevivir dentro de este planeta hasta que, de repente, empiezan a llegar diversos personajes que hacen que Arco se vea envuelto en un sinfín de tareas y aventuras.

Con esta pequeña premisa nos van presentando las mecánicas del juego, que son una mezcla entre juego de supervivencia y simulador de granja, con elementos como gestión de recursos, cultivo de diferentes plantas, una correcta distribución del tiempo y ataques de enemigos. Todo esto conduce a una pequeña rutina de actividades que hacen que nuestro personaje progrese adecuadamente.

Deiland ha sabido destacar un poco y ha hecho que estas mecánicas sean más livianas y no generen agobios excesivos al jugador para que nos centremos en las cosas bonitas que ofrece el título; especialmente porque, aunque muchos adultos disfrutarán de las aventuras de Arco, Deiland es un juego pensado para un público joven.

No obstante, la gestión de recursos llega a ser un reto cuando comprendemos que un planeta pequeño tiene los recursos limitados y que la tala de un árbol puede suponer un daño terrible; siempre y cuando no hayamos destinado parte del tiempo a recoger semillas y plantar nuevos árboles. Además, la dificultad se incrementa con los diferentes objetos o materias que nos van pidiendo los viajeros que llegan a nuestro pequeño planeta y que tendremos que buscar por los más recónditos lugares donde no aparentemente no hay nada.

En cuanto a apartado visual, estamos delante de una pequeña obra de arte. El diseño de los personajes como de enemigos es muy simpático y sintoniza muy bien con el tipo de juego. El escenario principal tiene un acabado increíble y lleno de detalles, haciendo que cobre vida de forma mágica gracias a sus puestas y salidas de sol, además de cómo cambia la perspectiva de ambas si nos movemos por el88 diminuto planeta. Todo ello acompañado por una banda sonora qué cumple muy bien su función, haciendo que las experiencias visuales se eleven a un nivel superior.

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Pero quizás el pequeño planeta nos deje de sorprender y aburrir a medida que avanzamos. La magia que desprende este juego puede cegarnos un poco y pensar que estamos ante un juego perfecto, pero indagando un poco en él encontramos algunas carencias y decepciona ver cómo Chibig Studios ha intentado estirar el juego de una manera innecesaria. Por ejemplo, con materias que nos pide un viajero y que son fundamentales para que nos enseñe como crear un nuevo objeto, por lo que no las podremos encontrar hasta haber llegado a un punto más avanzando del juego. También nos vemos obligados a esperar a que los viajeros vengan para poder completar misiones o aceptar otras nuevas. Tampoco me ha gustado el carácter tan superficial con el que se tratan algunos personajes y, de hecho, los viajeros parecen más tiendas ambulantes que personas con los que interactuar. La frialdad con la que socializan llega hasta tal punto de comprar o vender materiales y la de aceptar misiones.

También es verdad que todo este relleno pueda resultar un factor positivo para otros jugadores, ya que esto permite que cada uno pueda avanzar al ritmo que prefiera. Poder optar por dedicarnos a crear un bosque, a conseguir recursos —que nunca son muchos— plantar diferentes verduras, pescar, o simplemente relajarte con un precioso amanecer, es algo que no tienen precio. Si hay algo de lo que estoy seguro es que los desarrolladores se tomaron muy en serio eso de “disfrutar de los pequeños placeres de la vida”.

Deiland es un debut en consolas para el pequeño estudio valenciano, así como un introductorio a los juegos de gestión. Un juego bonito, agradable, con una historia acorde a los acontecimientos y que, pese a los rellenos innecesarios, sabe cómo hacer que el jugador siga sentado para poder disfrutar de las aventuras de Arco. Está claro que dependiendo de la edad uno ve el juego de una forma diferente. Después de ver cómo mi sobrina, de 6 años, disfrutaba con el título sin importarle esos pequeños errores que yo he visto, sin dar mayor importancia a que todo estuviera en orden o el tiempo que tenía que esperar para poder avanzar en la historia, hace que mi visión del juego cambie totalmente. Por eso, no diré como mi sobrina que “es el mejor juego del mundo”, pero sí es muy buen juego.

Deiland es un debut en consolas para el pequeño estudio valenciano, así como un introductorio a los juegos de gestión. Un juego bonito, agradable, con una historia acorde a los acontecimientos y que, pese a los rellenos innecesarios, sabe cómo hacer que el jugador siga sentado para poder disfrutar de las aventuras de Arco. Está claro que dependiendo de la edad uno ve el juego de una forma diferente. Después de ver cómo mi sobrina, de 6 años, disfrutaba con el título sin importarle esos pequeños errores que yo he visto, sin dar mayor importancia a que todo estuviera en orden o el tiempo que tenía que esperar para poder avanzar en la historia, hace que mi visión del juego cambie totalmente. Por eso, no diré como mi sobrina que “es el mejor juego del mundo”, pero sí es muy buen juego.

8.0

Lo bueno

  • Un mundo precioso y un juego sencillo en el que controlamos el ritmo.

Lo malo

  • Los NPCs están poco trabajados y el combate resulta demasiado simple.
Autor Pau Soler
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