Análisis de FAR: Lone Sails

Es habitual pensar en un futuro y relacionarlo con la ciencia ficción. Con sociedades tecnológicamente avanzadas y cientos de dispositivos electrónicos inimaginables. Pero dentro de una corriente siempre surgen bifurcaciones, por ejemplo, un futuro avanzado y perfecto como podría ser el que se ve al comienzo de Regreso al Futuro II. Sin embargo, también hay otros caminos temáticos que unen un elemento apocalíptico con otro futurista. Es el caso de FAR: Lone Sails, un título independiente que se puede disfrutar en media tarde y que representa una sociedad retrofuturista steampunk.

análisis de FAR: Lone Sails

Nuestra historia comienza con el personaje frente a una tumba, diciendo adiós a un ser querido y emprendiendo un viaje con un vehículo a vapor. Es en este momento cuando iniciamos una travesía que nos lleva por zonas inertes, mares secos y embarcaciones oxidadas y encalladas. Todos estos escenarios no son otra cosa que sombras, ecos de cientos de historias de personas del mundo de FAR: Lone Sails, a pesar de ser una narrativa lineal en la que se cuenta poco pero que dice mucho de manera visual.

En cualquier caso, nosotros seguimos avanzando con nuestro vehículo, prestando atención a cada indicador y mimando las necesidades del mismo. La relación que se establece entre el jugador y el vehículo es mucho más íntima que con el personaje, porque al contrario de lo que se puede suponer, aquí el instrumento es el avatar y no nuestra nave a vapor. Esa figura de color roja y pequeña es la que controlamos para alimentar la caldera con elementos de combustión, apretar la válvula que libera el vapor o apagar pequeños incendios. Todo el vehículo está compuesto de pequeñas mecánicas sencillas y muy de videojuego que funcionan realmente bien. Apretar botones nunca fue tan satisfactorio y, en este juego, tenemos que apretar todos y cada uno de ellos.

Rescatando lo que comentaba en el párrafo anterior, la relación que establecemos con el vehículo es realmente especial y destaca que en unas tres horas de juego pueda evolucionar. Lo que al principio vemos como una máquina o un instrumento para transportarnos, termina cobrando vida propia y parece que nos preocupamos excesivamente cuando se daña algo. Puede parecer algo descabellado, pero es así, sobre todo cuando en varias ocasiones dependemos del vehículo para resolver los puzles.

Tampoco es que los rompecabezas sean complicados en exceso —de hecho, son sencillos— y tampoco es algo malo. El título no busca ser un juego de puzles, sino que son rompecabezas supeditados a la historia y al viaje que realizamos. Por eso mismo la dificultad es la justa, o quizás un poco menos de la deseada, para no bloquearnos en ninguna parte y suelen ser relacionados con plataformas o botones. En este sentido, llama la atención la facilidad con la que se realiza el aprendizaje de cada mecánica, que requiere un esfuerzo mínimo por lo tremendamente intuitivo que resulta todo el conjunto. No es baladí teniendo en cuenta que la duración está entre las tres y cuatro horas.

Okomotive ha sabido dar una ambientación acorde a la historia, con un apartado artístico realmente bonito pero melancólico por la temática. Unos paisajes que se complementan con una banda sonora que cuida prácticamente cada nota y, sobre todo, cada silencio. Pero también es cierto que se echa en falta cierta información más, el juego deja demasiado contexto a nuestra imaginación. No es algo malo per se dado que funciona como historia secundaria, pero no venía mal algunas cartas o textos a modo de coleccionables que ampliasen ese trasfondo.

Pese a esto, nadie diría que se trata del primer trabajo de este estudio sueco. Una obra llena de simbolismo —es difícil no ver el mensaje del impacto del ser humano en el medio ambiente— y con un nivel de pulidez que es digno de envidiar. Me sorprende gratamente lo bien que maneja el ritmo y como llega el acto final. De hecho, por cómo termina el trayecto, no me sorprendería ver una segunda entrega en unos años.

FAR: Lone Sails es la historia de un viaje en un mundo apenas con vida y donde los pocos que quedan, sobreviven en solitario para llegar lo más lejos posible. Al igual que en Snowpiercer, el vehículo es un personaje más de la historia y, en este caso, el protagonista.

Okomotive ha sabido dar una ambientación acorde a la historia, con un apartado artístico realmente bonito pero melancólico por la temática. Unos paisajes que se complementan con una banda sonora que cuida prácticamente cada nota y, sobre todo, cada silencio. Pero también es cierto que se echa en falta cierta información más, el juego deja demasiado contexto a nuestra imaginación. No es algo malo per se dado que funciona como historia secundaria, pero no venía mal algunas cartas o textos a modo de coleccionables que ampliasen ese trasfondo.

Pese a esto, nadie diría que se trata del primer trabajo de este estudio sueco. Una obra llena de simbolismo —es difícil no ver el mensaje del impacto del ser humano en el medio ambiente— y con un nivel de pulidez que es digno de envidiar. Me sorprende gratamente lo bien que maneja el ritmo y como llega el acto final. De hecho, por cómo termina el trayecto, no me sorprendería ver una segunda entrega en unos años.

FAR: Lone Sails es la historia de un viaje en un mundo apenas con vida y donde los pocos que quedan, sobreviven en solitario para llegar lo más lejos posible. Al igual que en Snowpiercer, el vehículo es un personaje más de la historia y, en este caso, el protagonista.

8.0

Lo bueno

  • Una buena aventura lineal con una ambientación muy trabajada.

Lo malo

  • Se echa en falta algo más de contexto en la historia y un punto más de dificultad.
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