Análisis de Donkey Kong Country: Tropical Freeze

Como muchos jugadores, más de los que Nintendo hubiese querido, no fui usuario de Wii U, así que no tuve la oportunidad de jugar a Donkey Kong Country: Tropical Freeze en su versión original. Lo que vais a leer a continuación es el análisis de alguien que juega por primera vez a la secuela de Donkey Kong Returns y, ya metiéndonos en faena, las aventuras del primate me han devuelto a mi infancia. Gracias al trabajo de Retro Studios, Donkey Kong se puede permitir tutear al fontanero bigotudo, rey de las plataformas que habita en su misma casa.

análisis de Donkey Kong Country: Tropical Freeze

Quizá haya sido atrevido referirme a la nostalgia en el primer párrafo. Sin embargo, creo que es inevitable sentirla para cualquiera que haya jugado a un título de Nintendo hace más de veinte años y vuelva a una nueva entrega de la misma saga en tiempos modernos. Legend of Zelda: Breath of the Wild nos transporta en ocasiones a A Link to the Past y con Donkey Kong Country: Tropical Freeze he vuelto a tener una Game Boy en mis manos con el cartucho del Donkey Kong Country original insertado en ella.

Pocas son las acciones que ejecuta Donkey a nuestras órdenes. Básicamente saltar, agarrar y golpear el suelo a lo simio que, si bien sirve para romper rocas o conseguir que las flores del fondo del escenario suelten plátanos, me ha servido para expresar mi reacción a lo que ocurría en pantalla. Sí me golpeaban, golpe al suelo de enfado; si conseguía realizar con éxito un salto apurado, golpe al suelo de alegría. La kinestética es espectacular y para dar un paso más allá en este campo el juego se aprovecha de la vibración HD de los Joy-Con para conseguir un impacto mayor en el jugador. Saltar con Donkey siempre se ha sentido pesado —no confundir con torpe— y la vibración en este caso hace que el golpe al caer al suelo sea mucho más real.

Saltar, la mecánica más importante en el género de las plataformas. Con los años, al salto se han ido añadiendo más mecánicas que favorecen el movimiento del personaje que controlamos: agarrarnos a una cornisa salvándonos de perder una vida, deslizarse por la pared permitiéndonos ejecutar otro salto más… Pero Donkey Kong Country: Tropical Freeze se olvida de ellas sin dejar de lado la profundidad. Si pulsamos el botón de golpear el suelo mientras nos movemos, rodamos en esa dirección y si durante ese instante saltamos, recorremos más distancia perdiendo verticalidad. Si queremos tener más medios en el aire, deberemos recurrir a la familia Kong. Todos ejecutan su habilidad especial volviendo a pulsar el botón de salto en el aire. Con Diddy planearemos gracias a su jetpack, con Cranky caeremos en picado rebotando al contactar con el suelo y con Dixie —compañera que más he elegido cuando se me ha prestado la oportunidad— tras mantenernos unos instantes suspendidos, nos elevaremos con un pequeño impulso. Sus habilidades son valiosísimas y el propio juego lo sabe. Donkey tiene dos corazones de vida y, cuando lleva a su espalda a un familiar, otros dos extra. Por tanto, si nos golpean dos veces nos despedimos de él o ella y de sus habilidades. El juego los plantea así de forma que queramos contar con ellos en todo momento, como un préstamo que depende de nosotros si lo gestionamos a largo plazo o si lo apostamos todo en el casino.

Saltar, la mecánica más importante en el género de las plataformas. Con los años, al salto se han ido añadiendo más mecánicas que favorecen el movimiento del personaje que controlamos: agarrarnos a una cornisa salvándonos de perder una vida, deslizarse por la pared permitiéndonos ejecutar otro salto más… Pero Donkey Kong Country: Tropical Freeze se olvida de ellas sin dejar de lado la profundidad. Si pulsamos el botón de golpear el suelo mientras nos movemos, rodamos en esa dirección y si durante ese instante saltamos, recorremos más distancia perdiendo verticalidad. Si queremos tener más medios en el aire, deberemos recurrir a la familia Kong. Todos ejecutan su habilidad especial volviendo a pulsar el botón de salto en el aire. Con Diddy planearemos gracias a su jetpack, con Cranky caeremos en picado rebotando al contactar con el suelo y con Dixie —compañera que más he elegido cuando se me ha prestado la oportunidad— tras mantenernos unos instantes suspendidos, nos elevaremos con un pequeño impulso. Sus habilidades son valiosísimas y el propio juego lo sabe. Donkey tiene dos corazones de vida y, cuando lleva a su espalda a un familiar, otros dos extra. Por tanto, si nos golpean dos veces nos despedimos de él o ella y de sus habilidades. El juego los plantea así de forma que queramos contar con ellos en todo momento, como un préstamo que depende de nosotros si lo gestionamos a largo plazo o si lo apostamos todo en el casino.

Como bien dicta el género de las plataformas, tan importante es la perfección de sus mecánicas como el diseño de niveles, y aquí es donde Retro Studios da un auténtico curso intensivo. El juego añade una mecánica en un nivel, la explota hasta la perfección y en la mayoría de las veces no lo volveremos a ver en el resto del juego. Unas plataformas que si saltas dos veces en ellas desparecen, unas flores que se vencen hacia los lados con el peso de Donkey… El juego se mantiene vivo en todo momento. Cada vez que empezamos un nivel es inevitable pensar “¿Qué cosas nuevas traerá este?” y lo cierto es que nunca acabaremos defraudados.

análisis de Donkey Kong Country: Tropical Freeze

No conformes con esto, el estudio tejano va un paso más allá. Por ejemplo, en un nivel del tercer mundo hay unos instrumentos de viento gigantes que soplan aire intermitentemente. Al saltar en ellos se aprovechan esas corrientes para impulsar al gorila y llegar más alto. La sorpresa con la música. Cada ráfaga de viento de estos instrumentos emite una sucesión de notas graves en tonalidad de sol menor que se integra con la banda sonora del nivel; y lo que es una mecánica más trasciende a todo el juego y viceversa, la música pasa a ser parte de la jugabilidad.

El logro más destacable de Donkey Kong Country: Tropical Freeze es la coherencia consigo mismo: cómo hace que cada uno de sus elementos sean reseñables por separado y a la vez los conecte ofreciendo una experiencia sensorial absorbente durante todo el juego y —aunque parezca absurdo tratándose de Donkey Kong— lo coloca entre los grandes de su género.

9.0

Lo bueno

  • La cohesión de todos sus elementos y la profundidad adaptable de la dificultad.

Lo malo

  • A pesar de ser un plataformas, se echa en falta una historia con mayor relevancia.
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