Análisis de State of Decay 2


El cocktail del género de supervivencia y zombis está más que visto y eso es un hecho. También es un hecho que no todos los juegos lo llevan por el mismo camino, y no estoy diciendo que por cambiarle el nombre que designan a los zombis sea algo totalmente diferente, pero en este caso State of Decay 2 y sus “zees” sí que lo hacen.

Esta nueva entrega propone una experiencia de supervivencia extrema, no centrándonos tanto en el eliminar zombis y seguir una campaña, sino en evitar morir a todo riesgo y mantener con vida a los tuyos. Se podría definir como un simulador de gestión de recursos y personas, un nivel de gestión que puede llegar a agobiar.

La aventura empieza eligiendo a dos personajes, van de dos en dos y tenemos que valorar qué habilidades necesitamos más al comienzo de la historia. Una vez en marcha y pasado el tutorial, se nos ofrece la posibilidad de elegir entre tres mapas diferentes que, comparados con el de la primera entrega, son bastante más grandes.

Una vez asentados en el puesto de control, dispondremos de diferentes zonas en las que construir puestos de utilidad como por ejemplo, una zona médica, un huerto o dormitorios. Dependiendo de las habilidades de las que disponga el grupo, podremos construir mejores o peores puestos. Lo mismo se aplica a la hora de usarlos, si tenemos habilidades médicas, podremos sacarle partido a la zona médica; mientras que con la habilidad de jardinería podemos aprovechar el huerto.

A parte de esto, la lógica nos lleva a hacernos con más puestos para, de esta manera, aumentar la capacidad de almacenamiento o poder cambiar de personaje. Hay algunos que solo se consiguen con experiencia, que viene a ser la moneda de cambio del juego, dependiendo del tamaño y las posibilidades. Los puestos que aportan agua, comida o medicinas, pueden costar más que un puesto que solo aporta almacenamiento.

Decidir que puestos vamos a adquirir primero resulta crucial, ya que para conseguir otros se necesita mejorar el puesto de mando de la base principal y puede llegar a ser desesperante. Algunas de las mejoras de la base requieren habilidades especiales y, si ninguno de los personajes las tienen, buena suerte encontrando a algún superviviente que la tenga y quiera unirse a nosotros.

Una vez asentados en el puesto de control, dispondremos de diferentes zonas en las que construir puestos de utilidad como por ejemplo, una zona médica, un huerto o dormitorios. Dependiendo de las habilidades de las que disponga el grupo, podremos construir mejores o peores puestos. Lo mismo se aplica a la hora de usarlos, si tenemos habilidades médicas, podremos sacarle partido a la zona médica; mientras que con la habilidad de jardinería podemos aprovechar el huerto.

A parte de esto, la lógica nos lleva a hacernos con más puestos para, de esta manera, aumentar la capacidad de almacenamiento o poder cambiar de personaje. Hay algunos que solo se consiguen con experiencia, que viene a ser la moneda de cambio del juego, dependiendo del tamaño y las posibilidades. Los puestos que aportan agua, comida o medicinas, pueden costar más que un puesto que solo aporta almacenamiento.

Decidir que puestos vamos a adquirir primero resulta crucial, ya que para conseguir otros se necesita mejorar el puesto de mando de la base principal y puede llegar a ser desesperante. Algunas de las mejoras de la base requieren habilidades especiales y, si ninguno de los personajes las tienen, buena suerte encontrando a algún superviviente que la tenga y quiera unirse a nosotros.

Un aspecto interesante del juego es que podemos tomar el control de cualquier personaje del grupo de supervivientes, aunque es imperativo elegir muy bien a quién llevamos de exploración y quién se queda en la base. Así, lo recomendable es ir acompañados de personas con gran capacidad de resistencia, así como habilidades de combate o tiro. La muerte en este juego es permanente y no duda en castigarnos, por lo que perder a un personaje con una habilidad importante podría suponer el fin de tu grupo. Y sobre todo, salir con un coche.

Una forma de mejorar la autoestima del grupo es acabar con las hordas. En ocasiones aparecerán grupos de enemigos cerca del puesto o aparecerán mientras viajamos. No obstante, también están los núcleos de plaga de sangre, zonas de las que emergen los zombis con ojos rojos y que pueden llegar a contagiarnos con la plaga de sangre. En algunos momentos será casi obligatorio acabar con estos núcleos y conseguir tejido para curar a nuestro grupo.

La salud, los materiales, la comida, la munición y el combustible son los recursos más importantes en State of Decay 2. Se nota mucho la escasez de comida y salud, ya que los miembros del grupo van usando estos recursos y eso nos obliga a estar pendiente constantemente de reabastecer estos recursos; una tarea que se complica después de haber inspeccionado varias veces los alrededores de la base.

El sistema de misiones deja un poco que desear, ya que resulta restrictivo a la hora de cambiar de personaje en según qué misiones. Además, hay constantes peticiones de ayuda que, por mucho que queramos, no llegaremos a cubrir. La mayoría de las misiones se basan en exploración o encontrar recursos y no tienen un objetivo mucho más profundo que eso.

Por otro lado, el sistema cooperativo desde luego no es la joya del juego. El juego permite jugar con un amigo, pero el progreso solo se guardará para el anfitrión de la partida. Además, solamente podemos explorar el mundo pegado a nuestro compañero, es decir, si nos alejamos del host seremos teletransportados a su lado, por lo que la exploración de varios recursos por separado queda descartada.

State of Decay 2 no es un juego revolucionario y los problemas de rendimiento no ayudan a la experiencia de juego. No obstante, estoy seguro de que los seguidores de la saga y amantes de este género de supervivencia y gestión de recursos podrán disfrutar del título como me ha pasado a mi. Una buena idea y algunas mecánicas bien llevadas que, por desgracia, no se llegan a ejecutar de la mejor manera.

7.0

Lo bueno

  • La gestión de recursos y comunidad es bastante entretenida, manteniendo las ganas de salir a por recursos.

Lo malo

  • Tiende a hacerse repetitivo a la larga y el cooperativo tampoco ayuda a solventar ese problema, deja mucho que desear.
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