Análisis de Jurassic World Evolution

Los Chicago Bulls, blink-182, Manolito Gafotas, Dragon Ball y Final Fantasy VII. Haber nacido en 1993 y haber tenido la influencia de un hermano cuatro años mayor, hizo que la cultura de la década de los 90 echase raíces en mí. Soy de los que piensa que la primera generación de Pokemón es la mejor, tenía un cubo lleno de Micro Machines y, como no, cuando fuese mayor quería ser paleontólogo, la primera película de Jurassic Park se estrenó el mismo año que nací. 25 años más tarde y con los videojuegos como gasolina que alimenta mi motor, he tenido la oportunidad de empacharme de nostalgia gracias a Jurassic World Evolution.

Análisis de Jurassic World Evolution

El juego nos sitúa en el rol de un dios omnipotente a cargo de gestionar una serie de zoológicos prehistóricos a través de seis islas, guardándose como gran colofón la Isla Sorna e Isla Nublar, en las que se han ambientado las películas. A medida que vamos cambiando de isla se nos pone a prueba luchando contra tormentas que degradan las instalaciones o remontando un parque en situación de bancarrota. Aun así, la progresión siempre es la misma: un comienzo lento en el que estamos mucho tiempo esperando a embolsar las ganancias del parque por minuto, una parte intermedia más tensa en la que evitamos que los dinosaurios se enfaden haciendo que estén cómodos en sus parcelas y una última parte en la que, ya sobrados de dinero, nos podemos divertir más creando y construyendo a nuestro gusto.

Este ritmo y las misiones que nos encomiendan los distintos departamentos del parque son lo que marca el progreso. El juego se apoya en estas, repartidas entre la división de ciencia, la de entretenimiento y la de seguridad para tener objetivos que cumplir, pero al generarse y repartirse aleatoriamente, nos encontramos con que la división de ciencia, con su directora posicionándose en pro del avance tecnológico y la creación y comodidad de los dinosaurios, nos puede pedir que enfrentemos hasta la muerte a dos especímenes. O que el de seguridad, más interesado en las dotes para el combate de los dinosaurios, nos pida que exploremos el 60% del genoma de un Diplodocus.

Al principio y durante todo el juego, mediante mensajes que nos van diciendo los directores se hace un trabajo por dar una base a estos departamentos, esfuerzo que se desvanece cuando aparece una misión totalmente contraria a sus principios. Este duelo entre lo lúdico y lo íntegro no sería tan grave si el juego no nos lo recordase en todo momento. Jurassic World Evolution cuenta con la aparición estelar de Jeff Goldblum, que interpreta al mismo personaje que en las películas, el doctor Ian Malcolm. Este NPC se encarga de ser nuestro Pepito Grillo poco sutil que cuestiona la moralidad de nuestras acciones, y, a la vez, no para de animar a que vendamos dos Triceratops.

Este ritmo y las misiones que nos encomiendan los distintos departamentos del parque son lo que marca el progreso. El juego se apoya en estas, repartidas entre la división de ciencia, la de entretenimiento y la de seguridad para tener objetivos que cumplir, pero al generarse y repartirse aleatoriamente, nos encontramos con que la división de ciencia, con su directora posicionándose en pro del avance tecnológico y la creación y comodidad de los dinosaurios, nos puede pedir que enfrentemos hasta la muerte a dos especímenes. O que el de seguridad, más interesado en las dotes para el combate de los dinosaurios, nos pida que exploremos el 60% del genoma de un Diplodocus.

Al principio y durante todo el juego, mediante mensajes que nos van diciendo los directores se hace un trabajo por dar una base a estos departamentos, esfuerzo que se desvanece cuando aparece una misión totalmente contraria a sus principios. Este duelo entre lo lúdico y lo íntegro no sería tan grave si el juego no nos lo recordase en todo momento. Jurassic World Evolution cuenta con la aparición estelar de Jeff Goldblum, que interpreta al mismo personaje que en las películas, el doctor Ian Malcolm. Este NPC se encarga de ser nuestro Pepito Grillo poco sutil que cuestiona la moralidad de nuestras acciones, y, a la vez, no para de animar a que vendamos dos Triceratops.

Aunque si algo tienen claro la gente de Frontier Developments es el público al que va dirigido. Con la aparición de algunos protagonistas de las películas y la estupenda banda sonora original del maestro John William, el juego apunta directamente a los fans de la franquicia y a los que nos enamoramos de estos extintos animales. Cuenta con momentos mágicos como la presentación para cada dinosaurio cuando cobra vida, el rugir del T-Rex o el sonido que emiten los velociraptores sacados directamente de la película. Los dinosaurios están representados con mucho mimo y creo que me llegaría a avergonzar del tiempo que he pasado observando a un Ceratosaurus simplemente en su rutina de paseo. Nada más abrir el juego, la sintonía principal, la que a todos se nos viene a la cabeza, nos recibe calurosamente haciéndonos saber que hemos encontrado lo que veníamos buscando. Son momentos que, si bien poco bastaba ya que la película de Spielberg se encargó de clavar bien hondo la bandera en nuestros corazones, consiguen dar la tecla correcta, pero no me imagino a alguien ajeno al fenómeno disfrutando de estos flechazos.

Análisis de Jurassic World Evolution

Sin embargo, si visualizo al jugador ajeno a esto preguntándose si en aquella época los Brachiosaurus se atravesaban unos a otros. Pueden parecer detalles intrascendentes, pero que embelesado mirando a uno de ellos llegue otro y lo atraviese, que los árboles no se vean afectados por el paso de los animales o que tú, a los mandos de una Jeep, puedas atravesar la vegetación, sacan totalmente de la experiencia. Es algo que llama la atención viniendo de los creadores de juegos tan bien pulidos como son Planet Coaster y Elite Dangerous, especialmente en este caso cuando es un título que se basa en una franquicia que ha puesto especialmente atención a detalles y momentos que han marcado su historia —las ondas del agua en el vaso, los árboles moviéndose al paso del T-Rex, las hiervas altas cediendo ante los velociraptores o Lex sujetando la cuchara con gelatina, temblando por la mirada de Tim.

En definitiva, Jurassic World Evolution es un muy buen producto para los fans que consigue atraer y mantener a los amantes de los dinosaurios y de la saga cinematográfica mediante momentos singulares y de un ambiente totalmente Jurassic Park; pero que a su vez, al implementar mecánicas propias de un videojuego a un discurso sobre la moralidad del ser humano sobre creerse un Dios dando vida a seres de hace millones de años, confunde al jugador obligándolo a hacer un esfuerzo por dejar eso de lado y centrarse en lo que de verdad nos enamoró en los noventa: John Williams y los dinosaurios.

7.0

Lo bueno

  • El título cuenta con momentos que le hacen merecedor de llevar el título de Jurassic World.

Lo malo

  • Tiene poca profundidad y el discurso que busca dar resulta muy confuso.
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