Análisis de Overcooked! 2

Uno de los argumentos que se han oído con el fin de desprestigiar a los videojuegos ha sido el de “no salen a la calle por estar jugando y así no hay quien haga amigos”. Curioso cuando el primer videojuego popular, PONG, ya incluida un modo versus. Desde sus inicios, los videojuegos se crearon con la idea de que era necesaria otra persona para disfrutar de todas las experiencias que este proponía, ya sea a tu lado para batirte directamente contra ella o contra las tres primeras letras que hubiese elegido y que copaban la lista de records en Pacman, o colaborando para matar a todos los alienígenas en Contra.

Los cada vez menos jóvenes recordamos los salones recreativos o arcades, salas donde pasar la tarde con tu grupo por 25 pesetas la partida. Picarse por ser el primero en Sega Rally o colaborar para llegar lo más lejos posible en Time Crisis era, y es para los que se buscan un poco la vida, una manera de socializar con alguien, de conocer a otras personas, saber sus gustos y compartir momentos de unión, al igual que se hace charlando en un banco o con un balón en los pies. En el mercado doméstico, las consolas han incluido soporte para dos o más mandos y con la llegada del PC y a partir la séptima generación, internet revolucionó el aspecto multijugador como el resto de nuestras vidas.

Muchas compañías apostaban por promover estas prácticas sociales con sus juegos. Con Nintendo como la mayor potencia, vimos juegos como Mario KartMario PartySuper Smash o fuera de la compañía nipona títulos como Crash Team RacingDigimon Rumble Arena o la saga basada en la WWE. Alguno de estos juegos y un multitap daban para más de una tarde compitiendo por ver quién era el mejor, con la ventaja analógica de insultar o chocar los cinco con la otra persona presente.

Con la citada evolución del multijugador online y los costes de producción mayores, estos juegos fueron desapareciendo sobre todo en occidente. Hasta que el mercado indie irrumpió en la industria y los party games comenzaron una segunda juventud. Juegos como CrawlDuck Game o el magnífico Towerfall Ascension llenan ahora esas tardes en las que tienes vistita de amigos o familiares. A todos nos despierta el espíritu competitivo quedar el primero o ser el último en pie pero, ¿Y si ponemos a esos mismos individuos a sacar adelante un restaurante sin que nadie salga herido? En 2016  Ghost Town Games y su Overcooked ya demostraron lo mismo que Pesadilla en la cocina: los gritos y los insultos están a la orden del día en un restaurante y raro es que las comandas salgan en orden, o tan solo que se sirvan, y con Overcooked! 2, vuelven a proponernos la misma premisa añadiendo nuevas recetas de todo el mundo y utensilios de cocina, los ingredientes perfectos para probar la estabilidad de una relación.

Ian Malcolm explica la teoría del caos como la imprevisibilidad en sistemas complejos. A Overcooked! 2 solo le hace falta una cocina algo peculiar, algunas mesas y electrodomésticos con los que interactuar y cajones llenos de ingredientes para demostrar que el caos se produce hasta en sistemas más sencillos.

Análisis de Overcooked 2

En esta ocasión, el Rey Cebolla ha leído unos versos del Necro-ñami-cón y ha invocado al Pan Demonium. Tostadas zombis han despertado de sus tumbas y están hambrientas así que es nuestro deber es cocinar hasta saciarlas. Tras un breve paseo por el mapamundi en nuestro autobús convertible elegimos nivel y, tras elegir en el menú principal a nuestro chef del sexo, la etnia, la especie animal o del planeta que nos apetezca, nos ponemos manos a la obra.

El objetivo es entregar platos por los que recibimos puntuación por la que nos evaluarán con una, dos o tres estrellas.  ¿Recordáis los controles de la NES o de la Game Boy? Básicamente moverse y dos botones de acción. Pues estos son los controles básicos del juego: Nos movemos con el joystick o la cruceta y —en Nintendo Switch, consola en la que lo he jugado—, con A cogemos y dejamos el ingrediente, plato o lo que toque y con X interaccionamos con el objeto que tengamos delante o en la mano, pudiendo lanzar comida cruda en esta secuela. Podremos comunicarnos con la Y o realizar un saltó con la B, muy útil cuando quedan pocos segundos. Esta accesibilidad está presente en todo el título y es su mayor virtud. Conozco a parejas en la que uno de los dos miembros no es jugador o jugadora habitual de videojuegos y han logrado pasarse el juego entero con tres estrellas en todos los niveles. Pero no solo en sus controles está la accesibilidad. Todos en algún momento hemos o vamos a cocinar alguna vez en nuestras vidas, o vamos a ir a un restaurante, por lo tanto, los dos, tres o cuatro jugadores —el juego cuenta con modo un jugador en el que este tiene que manejar a dos chefs, cambiando el control con un botón entre uno y otro— conocemos bien las tareas principales del juego: coger los ingredientes, cortarlos, cocinarlos, preparar los platos, servir y fregar. Lo más común es que tras una partida de reconocimiento y el juego en pausa, nos repartámonos los quehaceres para que después el nivel nos sorprenda lanzándonos un meteorito que eche abajo nuestros planes.

Ahí es donde el juego siembra la chispa que hará volar todo por los aires. La cocina cambia de un nivel a otro y de un cementerio pasamos a un globo aerostático, después a una mina y luego a una escuela de magia para volver al cementerio otra vez, ahora teniendo que pulsar un botón que abre una puerta y así tener acceso al horno. Cada nivel es un campo de minas que hay que memorizar para no acabar como Ian Malcolm y sus compañeros: de repente el jugador que debía cortar y fregar ha tenido que apagar un fuego por que el que cocina se ha caído al vació cuando intentaba rehacer el plato entero que el jugador que sirve ha tirado a la lava sin querer. Porque, ya sea aposta o por falta de pulido, los controles o las físicas se vuelven un poco locas y alguna que otra vez no podremos llegar a un plato atascado sin más en el fregadero o se nos caerá de las manos un ingrediente sin ninguna explicación. Si hemos llegado a los últimos 30 segundos, la música que se acelera y el pitido agudo hace que el estrés crezca, aumentando así las posibilidades de que las prisas nos jueguen una mala pasada. Pocas veces conseguimos recuperar la sincronización y, tras una inexplicable pantalla de carga y repasar el plan inicial, volvemos a la carga.

Análisis de Overcooked 2

Una de las novedades principales en este Overcooked! 2 es la inclusión del online, lo que hace que el botón que en la primera entrega servía para soltar onomatopeyas soeces ahora sirva para comunicar nuestra tarea… y soltar onomatopeyas soeces. Porque correcto, el propio juego sabe que muchos van a Overcooked a echar un buen rato cuando el riesgo de cabreo es mayor del que sus gráficos muestran. Además, se incluye de nuevo el modo Duelo en el que competimos por ver que chefs hacen más puntos sirviendo platos en la misma cocina, lo que propicia el robo de ingredientes y la consecuente amenaza de muerte, y el nuevo modo Arcade, en el que colaboraremos por conseguir la puntuación más alta. Poco varían la fórmula estos modos, siendo el modo Historia el más completo.

La experiencia de jugar con amigos en el sofá a un producto pensado para esta experiencia es de mis prácticas favoritas con los videojuegos. Me di soberanas palizas con amigos al Digimon Rumble Arena 2, se pusieron a prueba amistades con Mario Kart y lamenté que no publicasen en Europa Battle Stadium D.O.N. Overcooked y Overcooked! 2 ha supuesto una experiencia distinta dentro de este género y me ha permitido compartir mi afición favorita con personas con las que no había podido, ya sea por falta de habilidad o interés, gracias a su accesibilidad. Tiene fallos, pero entre carcajada y choque de palmas, estos se diluyen para dejar el recuerdo de una bonita tarde en compañía.

8.0

Lo bueno

  • Ofrece una experiencia inédita en su género y magnífica para jugar con cualquier persona gracias a su sencillez.

Lo malo

  • Aunque son pocas veces, sus controles y físicas dan lugar a errores injustos que obligaran a reiniciar la partida.
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