“Cuanto más largo, mejor” o (la duración del videojuego como sinónimo de calidad)

Más, siempre queremos más. Cuanto más tenga, mucho mejor, o eso es lo que dicen. Sería de locos negar que en la última década la duración de los videojuegos han ido en un aumento constante, llegando a sobrepasar que solo un título pueda contener casi 200 horas de contenido. Con el paso del tiempo, el consumidor se ha vuelto más desconfiado, siempre intenta comparar, y esto es algo que puede llegar a perjudicar al producto.

Hoy en día se le da a la duración un valor palpable, casi como si fuera un factor más a tener en cuenta. Y quizás sea cierto, al fin y al cabo, pagar 60 euros por un videojuego que puede durar 4 horas puede ser algo doloroso, no nos vamos a engañar. Pero este mismo efecto se le puede otorgar a la inversa, pagar ese mismo dinero, por un título que nos da contenido de 100 o 200 horas quizás es algo excesivo. Con esto no quiero decir que, si disponen de esa duración, ya no merezcan la pena, al contrario, en ocasiones es necesario, y más aún cuando se dispone del tiempo suficiente para jugarlo de manera tranquila. Ahora bien, el problema surge cuando hay un exceso de este. Es bien sabido que estos últimos años hemos visto una cantidad inmensa de títulos cuyo objetivo es alcanzar las máximas horas posibles, siendo muchas veces imposible el poder jugar a cada uno de ellos en un solo año. Teniendo que elegir entre uno u otro. Y no solo eso, sino que, en muchas de las ocasiones, esta extensión de su duración es innecesaria. Y eso se hace mucho más latente cuando vamos creciendo.

Al llegar a una edad adulta, las responsabilidades son mayores a la que podíamos tener de jóvenes, y esto se nota mucho cuando te pones a jugar a videojuegos. Para esto voy a poner un ejemplo en el que podamos observar y tratar de comprender. Imaginemos que disponemos de un trabajo o somos estudiantes de algo que requiera de más tiempo que en años anteriores. Solo por esto ya hemos acortado la mitad del tiempo del que disponemos al día, mientras que lo que nos sobra debemos gastarlo en otras necesidades más básicas como una alimentación correcta o mantener una buena relación interpersonal o intrapersonal. Son cosas que pueden variar dependiendo de la persona, pero siendo simplistas, esto sería algunos de los objetivos de nuestro día a día. Y solo esto puede llevarnos casi un día entero, dejando solamente dos o tres horas de ocio antes de volver a la rutina diaria.

Como muchos dicen, el tiempo es oro. Y eso es lo que mayormente se está haciendo en los videojuegos, o en cualquier tipo de industria. Cuánto más tenga, más pagaré por ese servicio o producto. Ya no solo pagamos por un argumento o una jugabilidad maravillosa, sino que, dependiendo de su coste, su duración debe ser esta u otra. Esta idea lo único que hace es perjudicar a la calidad del título y a nosotros mismos, quienes los consumidores, por falta de tiempo o por problemas que pueden surgir de un momento a otro, dificultan al jugador el poder finalizar un videojuego al que han dado gran parte de sus horas libres, siendo frustrante y triste en muchos de los casos. Videojuegos que serán olvidados y dejados de lado, casi sin intención de volver a rejugarlo por el único hecho de que dura demasiado. Por lo que la historia y todo lo que rodea el mundo en el que se han basado, se va diluyendo poco a poco.

Hay que empezar a cuestionarse si de verdad merece la pena que tantos títulos dispongan de esta duración.

Todo esto no sería nada malo si se dispusiera de una base bien sólida en la que se sostuviera todo de manera correcta, pero en muchos de los casos no es así. Se busca una extensión del videojuego casi como una excusa, llenándolo de contenido irrelevante y poco atractivo a algo que puede aspirar a más, y dejando de lado a un público, que por edad y compromisos se ve apartado. Hay que empezar a cuestionarse si de verdad merece la pena que tantos títulos dispongan de esta duración. Como se ha mencionado anteriormente, muchos de estos se pueden ver rebajados, llegando a la posibilidad de que en algunos casos la calidad de estos se vea favorecida, suponiendo además una mayor facilidad de acceso para el jugador.

En los últimos tiempos, sobretodo en el apartado independiente, es donde más se ha visto reflejado el refrán “menos es más”. Y quizás sea ese punto de partido por el cual debamos empezar. Su limitación económica y la falta de recursos les obliga a buscar nuevas vías, donde narrativa y jugabilidad se vean unificadas hasta el punto de convertirse en una experiencia propia. Juegos como GRIS, Hotline Miami, Pony Island, Firewatch y muchos otros más. Son títulos que han encontrado otras maneras de narrar, ya sea por la música, la jugabilidad, diálogos o por estética, pero al final han conseguido una de las principales claves de esta maravillosa industria como es la del videojuego, transmitir. Y eso solo se consigue si se tiene claro cada una de las partes.

En conclusión, hay que apartar esa gula que tenemos todos por dentro, desde hace ya tiempo la simpleza o sutileza a la hora de cómo contarme una historia me ha funcionado más que darme 100 horas de un título que me quita tiempo e interés en un proyecto que podría haber llegado a más y no quedarse en la pura banalidad. Hay que dejar claro que la duración no es algo palpable, no es un elemento que tengamos que tener en cuenta a la hora de comprar un productor, cada uno es independiente, ahora bien, esa misma duración tiene que ser estudiada, y no se puede alargar así porque sí, tiene que tener un sentido dentro del universo y de lo que se cuenta, no puede ser pura fachada de secundarias o coleccionables, es necesario que exista una vida dentro de esa duración, algo que nos haga replantearnos nuestro viaje y el porqué de este. Dejemos de construir techos sin haber construido una buena base.

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